Emociones que desbordan...


Nuestro día a día se desarrolla entre un sinfín de estados emocionales que cambian y se transforman, influenciados ya sea por lo que pasa a nuestro alrededor o en nuestro interior (pensamientos, recuerdos, sensaciones...). Lo cierto es que la mayoría de las veces nuestras emociones nos impulsan a reaccionar incluso antes de que seamos conscientes de ellas, y eso puede ponernos en situaciones conflictivas o comprometidas. Muy a menudo reaccionamos de forma impulsiva sin ser capaces de medir y contemplar con suficiente previsión las consecuencias de nuestras acciones. De hecho, cuando la excitación emocional es muy elevada, se da lugar a una especie de secuestro mental donde la parte más racional del cerebro no opera adecuadamente o queda funcionando a medio gas. Esto impide que podamos pensar con profundidad las posibles futuras consecuencias de nuestros actos. Estos comportamientos están directamente conectados con la parte más emocional de nuestro cerebro, y mientras sigamos sin ser capaces de observarlos y gestionarlos con suficiente perspectiva y espacio, seremos esclavos de nuestros impulsos.

Aunque en nuestra sociedad las conversaciones sobre emociones se suelen relegar al ámbito privado y extra-profesional o extra-académico, son hechos que están presentes en nosotros en todo momento. Tomar conciencia de ellas en entornos en los que no solemos hacerlo, puede beneficiarnos enormemente a la hora de desenvolvernos más efectivamente en esos entornos concretos.

Pero, ¿como hacerlo cuando nos sentimos tan abrumados por algo que ha pasado que nos resulta imposible contener nuestro estado emocional? Quizás lo único que queremos en ese momento es salir corriendo, gritar, llorar o escondernos en un rincón. La solución, aunque simple, no es del todo fácil y requiere práctica, pero es una de las mejores inversiones de aprendizaje que podemos hacer. Y en ese aspecto, nuestro cuerpo es nuestro mejor aliado.

De hecho, contamos con diferentes técnicas, estrategias y herramientas que nos pueden ayudar, pero en esencia, lo que buscan la mayoría de de ellas es conectarnos con el momento presente, con nuestro cuerpo y con las sensaciones que estamos percibiendo. Estudios científicos nos demuestran que desarrollar la atención plena, ausente de juicio, ha demostrado ser una de las mejores vías para contener estados emocionales desbordantes y reducir el nivel de excitación emocional.

El primer paso que podemos hacer es conseguir espacio personal para poder gestionar nuestro estado emocional. Idealmente podemos conseguir ese espacio de forma física, retirándonos a otra sala, estancia o habitación, pero a veces quizás no sea posible ausentarnos o dejar la situación que nos está provocando la reacción emocional. En ese caso, deberemos encontrar la manera de descubrir ese espacio interior que nos permita parar y observarnos.

El segundo paso es poner atención a nuestras reacciones físicas; es decir, observar qué nos está expresando nuestro cuerpo: donde notamos tensión, qué gestualidad estamos manifestando, como estamos respirando, qué impulso físico sentimos...Y así, intentar poner nombre a esas sensaciones que se relacionen con nuestro estado emocional. La dificultad en este paso reside en ser capaces de observar nuestras reacciones corporales sin juzgar. Nuestra intención es observar, dar espacio, dar tiempo.

Esos instantes de atención pueden ser claves. Pueden resultar en una actuación mágica que nos permita frenar nuestros impulsos y bajar nuestra abrumadora respuesta emocional, recuperando así la capacidad para decidir de una forma más racional y acorde a lo que queremos.

El tercer paso entonces es preguntarnos qué queremos. Qué estamos necesitando en ese momento y, por tanto, como podemos actuar de la forma más inteligente posible. Queremos poner nuestra intención en decidir cuál es el comportamiento o acción que más cerca nos llevará a conseguir de forma positiva y pacífica lo que queremos. Otro aspecto de este paso es cuestionarnos cuál es la naturaleza real de la situación, de nuevo desprendiéndonos de juicios y preevaluaciones, observando así de qué manera nuestra interpretación de la situación está jugando un papel en nuestra reacción emocional.

Finalmente, otro paso que podemos dar en el proceso de recuperar el control de nuestras acciones, es buscar elementos positivos de la situación que ha provocado la tormenta emocional. Eso puede permitir ampliar la perspectiva de la situación y enfocarnos en otros aspectos a los que en un primer momento no habíamos parado atención.

A veces, es bien cierto que atender a nuestras sensaciones y reacciones corporales se puede volver extremadamente complicado e incluso puede alterarnos más. En esos casos, contamos con otras estrategias que nos ayudan a regular nuestro estado emocional, como por ejemplo: distraernos con alguna cosa, buscar una persona que sirva de apoyo y nos ofrezca un marco seguro y calmado de contención emocional, abandonar definitivamente la situación estresante, realizar actividad física...En todo caso, lo que hagamos para modular nuestras emociones nos ayuda a conocernos un poco más y a volvernos cada vez más capaces de decidir libremente.

Pero no necesitamos esperar a pasar por una tormenta emocional desbordante para empezar a convertirnos en maestros de nuestras acciones y comportamientos. Por eso es recomendable practicar la atención plena durante el día, independientemente de como nos encontremos. Unos instantes de observación cada día, de prestarnos atención sin juicio, nos ayudan a desarrollar esa capacidad para regular las emociones. Con paciencia y constancia eso puede convertirse en un hábito de vida inmensamente beneficioso tanto para nosotros como para las personas que nos rodean.

...¿Preparados?...

...empieza observando tu respiración...

Fuentes de información

LIBROS

Mindfulness para principantes, John Kabat-Zinn

Hacia la paz interior, Thich Nhat Hanh

Comunicación no violenta: un lenguaje de vida, Marshall Rosenberg

ARTÍCULOS

Brockman, R., Ciarrochi, J., Parker, P., & Kashdan, T. (2017). Emotion regulation strategies in daily life: mindfulness, cognitive reappraisal and emotion suppression. Cognitive Behaviour Therapy, 46(2), 91-113.

Schonert-Reichl, K. A., & Lawlor, M. S. (2010). The effects of a mindfulness-based education program on pre-and early adolescents’ well-being and social and emotional competence. Mindfulness, 1(3), 137-151.

Delgado, L. C., Guerra, P., Perakakis, P., Viedma, M. I., Robles, H., & Vila, J. (2010). Eficacia de un programa de entrenamiento en conciencia plena (mindfulness) y valores humanos como herramienta de regulación emocional y prevención del estrés para profesores. Psicología Conductual, 18(3), 511.

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